image ¿Qué hay detrás de estas puertas? ¿Cuál es la tuya? image Los tiempos corren…

El victimismo del patito feo

Hoy en día, en nuestra sociedad podemos ver como las personas estamos expuestas a un gran número de patologías, unas más graves que otras. Varios tipos  Cáncer, alergias, enfermedades cardiovasculares, mentales o trastornos psicológicos.

Conscientes de ello,  y como es normal,  buscamos soluciones y curas basadas en la investigación científica, en los avances tecnológicos, en terapias dirigidas por profesionales de la medicina y la psicología y últimamente cada vez más en terapias alternativas de curación.

Hasta aquí todo es de sobra conocido, solo pretendía ubicar al lector.

Con permiso de los profesionales, y aunque no esté definido como enfermedad,  me gustaría añadir un nuevo padecimiento a la lista de patologías más  comunes de la sociedad occidental.  Se trata  de una afección que forma parte del día a día de un gran número de personas pero  conocida por muy pocos.

La enfermedad del “VICTIMISMO”                       

El “victimismo” está definido como una actitud ante la vida. He decidido otrogarle el adjetivo de enfermedad debido a que se propaga, se contagia y se convierte fácilmente  en una actitud crónica.

Los síntomas

El síntoma principal es la posición de victima en la que elige ponerse el afectado ante las cosas que le ocurren en la vida. El quejarse  constantemente y la autocompasión son otros síntomas que delatan la enfermedad a simple vista.

Otro indicio no tan claro del victimismo es por ejemplo un elevado nivel de “egocentrismo”, el cuerpo humano somatiza este síntoma con un desprendimiento de retina gradual que impiden al enfermo ver más  allá de su propio ser. Tomarse  ciertas libertades para actuar que generan daño a otras personas o la potestad para juzgar en todo momento también son derivados del síntoma de egocentrismo.

Los afectados no siempre expresan estos  síntomas a otra gente, en algunos casos  se lo guardan  para  ellos mismos. Esto se define (lo defino) como síntomas enquistados, y es un agravante de la enfermedad debido a que es más difícil su detección

Mas signos que indican este  padecimiento son: la necesidad de cariño o sentirse arropados constantemente, una actitud posesiva hacia la gente que le rodea, el magistral uso  de la comunicación oral,  incurriendo con ello en el llamado chantaje emocional o  el darle la vuelta a la tortilla para huir de la responsabilidad de sus actos, la falsa humildad  y por último el uso de la culpa como arma arrojadiza.

Pero el victimismo tiene una parte aún peor que es lo que hace que sea muy complicado para los indispuestos salir de la enfermedad. La posición de victima genera la creencia en los afectados de que tienen el derecho de hacer o decir lo que los demás no pueden. Esta es una posición muy cómoda y que  otorga a los dolientes cierto poder sobre otras personas.

Afectados

No existe un ratio de población concreto de afectados por el victimismo. Pueden ser de cualquier edad y género. En caso de aparición en niños puede durar toda la vida si no se detecta y se trata posteriormente. (Conozco algún caso) El victimismo también puede aparecer de manera repentina después de pasar una mala experiencia o suceso traumático, o puede ser una actitud usada como método de defensa por gente que siente inseguridad. Normalmente las afecciones de victimismo e inseguridad están estrechamente ligadas.

El victimismo no solo es problema del enfermo, como otras muchas enfermedades también afecta a la gente que le rodea, sobre  todo  a sus más allegados.  De hecho estos últimos son los que más sufren la enfermedad, incluso más que el propio enfermo.

 Tratamiento

Quizá no exista un tratamiento genérico para acabar con el victimismo, solo tratamientos personalizados y  métodos para reducir los síntomas. Estos métodos cambian dependiendo  de si padeces victimismo de forma directa o de si eres un afectado colateral de la enfermedad.

Para los afectados indirectos

Un afectado indirecto o colateral del victimismo es aquella persona que comparte su vida o gran parte de ella con el enfermo,  sobre todo si es un ser querido. En estos casos la enfermedad es más virulenta.

Si usted conoce a un enfermo o enferma de victimismo, la metodología a seguir pasa por lo siguiente:

1º No juzgue al enfermo, Sincérese con él.  Dígale lo que opina de su enfermedad, dígaselo desde el buen trato y pensando en lo mejor para él o ella, elija las palabras correctas ya que puede que esta acción desemboque en un ataque de victimismo haciéndose patentes los síntomas del magistral uso de la comunicación oral y la culpa como arma arrojadiza. Debe esperar este ataque por parte del enfermo y no caer en la discusión ni dejar que le afecte. En los mejores casos el paciente aceptara su condición de enfermo y comenzará por si solo el proceso de cura.

En caso de que el primer paso no funcione, su actitud ante el enfermo debe cambiar. Haremos uso de la sordera selectiva como herramienta. La sordera selectiva consiste en hacer caso omiso de lo que dice el enfermo cuando sufra un ataque de victimismo. Esta labor debe hacerse de manera colectiva por todos los allegados del enfermo y pretende quitarle el poder que ejerce sobre otras personas y  que abandone por si solo la enfermedad. Es un proceso lento y debe hacerse de manera constante.

Aunque los pasos a seguir estén numerados, pueden hacerse en distinto orden.

 Nota:

 Asegúrese de no contraer victimismo al no obtener resultados. En ese caso se recomienda utilizar el conocimiento que se tiene sobre el enfermo y utilizar la imaginación para poner en práctica nuevos tratamientos, siempre desde el amor.

Para los afectados directos o pseudo víctimas.

Es un afectado directo aquella persona que padezca  la mayoría de los síntomas anteriormente mencionados  de manera crónica.

Si usted se reconoce como afectado directo de victimismo la metodología a seguir recomendada es la siguiente:

Si toma en serio  este punto y se reconoce como enfermo o enferma de victimismo, ya lleva un gran trabajo hecho para terminar con la enfermedad y es la hora de cambiar. Tenga claro lo siguiente: No es una víctima, es un ejemplo de lucha y autoconocimiento.

Si no se reconoce como enferm@ de victimismo, quizá no lo sea o quizá no se dé cuenta de que lo es. Para salir de dudas observe su lenguaje, como se comunica con el mundo, sincérese consigo mism@, observe si padece alguno de los síntomas  y acéptese  tal y como es. Para paliar la enfermedad es importante la autoaceptación.

En muchas ocasiones la mayoría de la gente sufrimos ataques de victimismo, eso no quiere decir que estemos enfermos. Solo se reconocerán como enfermos las personas que muestren los síntomas de manera crónica.

Me parece importante difundir la existencia del victimismo como patología social. Es el primer paso para acabar con ella y acercarnos cada vez más a una sociedad de luchadores y conseguidores de sueños, no de víctimas que culpan a otros de su condición.

 

Esta entrada ha sido inspirada por la experiencia personal del autor como enfermo directo e indirecto de victimismo y por el libro “Monstruos domésticos” de Ytho Parra.

 

 

 

 

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